Nuestro personaje se llama Marco, tiene 27 años, y hoy es su último día en Francia. Mañana vuelve a España, a Barcelona. De apellido es Iranzo, por parte de madre, y esa es la que importa en esta historia. Es Septiembre, 12, a las 23:31 de la noche.
Alfredo, como le llama su compañero en honor al Landismo, está fregando platos con las manos sumergidas en una gran pila de acero inoxidable. Habla con un cigarrillo colgándole de los labios,
-así soy yo realmente. Si alguna vez puedo ser yo realmente es cuando estoy allí ¿sabes? No ahora fregando esta mierda.
Viste camiseta de tirantes, blanca, por supuesto, que se pega sobre su cuerpo fibroso. No es muy alto, y el pelo de su flequillo es demasiado largo. Pero como es guapo todo eso no importa.
- Ya tenía ganas de largarme de aquí ¿sabes?
- No tenías porque esperar hasta el último momento.
- Si, bueno, no me sobra el dinero. Es un trabajo, aunque sea una mierda, da dinero, eso es lo que importa.
- Bueno, en España tienes casa ¿no?
- Si, pero no dinero. Necesito comida y eso. Sabes a lo que me refiero ¿no?
- Tener casa ya es algo.
- Ya, pero no es dinero.
- ¿Que le vas a contar a tus amigos?
- ¿a ellos? La verdad. Que vengo de Cannes, que es donde he pasado este último año. Que era camarero jefe de un restaurante de postín en Barcelona, y como era tan bueno el dueño me mando un año a gastos pagados al restaurante de un amigo porque a la vuelta pretendía hacerme gerente. Allí conocí a mi femme fatale, medio italiana, medio francesa, con la que inicié un romance. Se acabo ayer, y se acabó para siempre. Eso más o menos.
- Ten cuidado no te atragantes si lo sueltas todo de golpe.
- No se si me acordaré de hablar castellano.
- Siempre estás diciendo mierda, joder, mecagoenlaputa, eso no se te ha olvidado.
- Ya sueño en francés ¿sabes?
- Já. Yo no empecé a soñar en francés hasta el segundo año.
- Eso es porque eres un estupido yankiee, hijo de siete mil padres que ni siquiera has oido hablar del latín.
- No es que tu seas muy listo ¿no? Alfredo.
- Por eso me largo. No volveré a ver esa cara de chancla que tienes nunca más.
- ¿De que? -pregunta Ronnie fumando de su cigarro apoyado en el quicio de la puerta. Ronnie es un negro cuarentón al que la frente le llega hasta mitad de la cabeza. Su cuerpo es delgado, de brazos flacos y largiruchos, aunque una esfera abdominal deforma su camiseta.
- De lata abollada.
Ronnie suelta un Já,
- Que parace que te la haya pisado un dos caballos.
Ronnie se engacha a reir.
- Tienes la misma cara que la gargola de Notre Dame. No, espera, mejor, que una vaca de Wisconsin.
Ronnie, rie, fuma, tose,
- Que cabrón eres Alfredito, te voy a echar de menos.
- Espero que te toque algún sueco más seco que el ojo un grillo que no te deje ni fumar. Ya sabes como se las gastan estos europeos.